Descripción
b’Las culturas digitales se presentan, para bien o para mal, como la culminacixf3n y la superacixf3n de las vanguardias artxedsticas del siglo XX. La efervescencia de sus conexiones perfila inconscientemente nuevas formas del ser-ahxed y de habitar el mundo. xbfQuxe9 mundo es este? xbfQuxe9 lugar ocupa el ser humano en xe9l? xbfQuxe9 pasa con el pxfablico de antaxf1o en la era de la reproductibilidad digital de la obra de arte? Redes sociales, tecnologxedas portxe1tiles, biotecnologxedas, socialidades en lxednea, proliferacixf3n de identidades y de comunidades electrxf3nicas, Internet de los objetos: los medios de comunicacixf3n son mundos cada vez menos separados e intangibles en relacixf3n con la vida cotidiana, han devenido mxe1s bien el mundo que habitamos, su matriz, su suexf1o, su encarnacixf3n xfaltima. Los vxednculos que surgen de este paisaje ya no se basan en un contrato racional y abstracto, sino en una serie de pactos en los que la emocixf3n, lo onxedrico y los afectos aparecen como los nuevos imanes del estar-juntos. Instagram, Tik Tok, Twitch, Tinder y otras plataformas cristalizan tantas afinidades conectivas para las que el erotismo y la muerte son las dos polaridades de una misma condicixf3n, de un vitalismo exuberante impulsado al mismo tiempo por un elogio de lo efxedmero y por un sentimiento trxe1gico de la existencia.n’






Comentarios