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LA MUJER QUE NO CONOCIA EL MAR

FLORENCIA ALIAGA

$960.00

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    Descripción

    b’En el centro de la tierra, donde se suceden los calores tufo como en el desierto y donde la sequixb4a muchas veces hace a los campos, las voluntades y las ideas crujir, aquixb4 habrixb4a de nacer Matilde Ugarte, la mujer que no conocixb4a el mar.Somos muchos los que nacemos con falta de mar, y vivimos nuestra vida entera como con una enfermedad incurable, sin diagnoxb4stico, que no nos mata ni fortalece, invadiexb4ndonos de una nostalgia de perfume rancio, que nos suele crecer al llegar a viejos.Por aquellos tiempos en los que viajar era todavixb4a una proeza maxb4s que un placer, el haber nacido tan radicalmente alejada del agua, y al mismo tiempo an~orarla tanto, Matilde sentixb4a en su cuerpo una sed primal con la que se habixb4a acostumbrado a vivir. Como si fuera una planta cuya vida exclusivamente dependiera de ello, bebixb4a agua en cada oportunidad que se le presentaba. Siempre con los ojos cerrados. Tomaba cada sorbo, sintiendo coxb4mo el milagro de la hidratacioxb4n le devolvixb4a la vida a sus huesos, piel y corazoxb4n. Inmediatamente despuexb4s de mojados, sentixb4a como comenzaba a secarse por dentro, en una carrera interminable, que de antemano sentixb4a que perdixb4a.Al escribir sobre ese pesar, volvixb4 a sentir esa sed, esa insatisfaccioxb4n constante que me persigue de nin~a y que no puedo nombrar, sino soxb4lo sentir, y que soxb4lo comprenderaxb4 quien nacioxb4 lejos y de espalda al ocexb4ano.La idea de un mar, una masa de agua eterna, generosa y en constante ebullicioxb4n, se le presentaba como el escenario mismo del paraixb4so. De pequen~a, cuando le contaban cuentos para ir a dormir, pedixb4a siempre historias de marineros, navixb4os, naufragios y sirenas. Preocupados por introducir nuevas temaxb4ticas a su imaginario en construccioxb4n, su padre y su nin~era inglesa, insistixb4an en sumar princesas, hadas, duendes y otros juguetones personajes al elenco nocturno. Machacaban tambiexb4n con otros espacios, como el cielo, alguxb4n reino lejano o un bosque encantado. La negativa de Matilde era firme y sorprendentemente coherente para su corta edad. Ella no se dormirixb4a hasta no escuchar alguna de sus aventuras favoritas, cerrando los ojos para descansar en esa atmoxb4sfera imaginaria de espuma blanca de mar, a la que siempre buscaba llegar al transitar por esas historias.Su madre, Dolores Figueroa, habixb4a muerto. Fallecioxb4 cuando Matilde tenixb4a seis an~os, pero la enfermedad de tristeza que sufrixb4a su progenitora la habixb4a dejado huexb4rfana mucho antes. Es faxb4cil reconocer a un nin~o sin madre de soxb4lo mirarlo a los ojos, por maxb4s de que a los ricos la orfandad siempre se les note un poco menos. Para contarles sobre Dolores, la madre de Matilde, tenemos que detenernos antes en la madre de Dolores, Amparo Rojas. Porque uno no puede hablar de la hija sin hacer mencioxb4n a la madre, y para contarles sobre aquella madre, tenemos que escarbar en su madre tambiexb4n.’

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