Descripción
La molestia que debe sentir la tierra cuando se rompe un poco para incorporar una semilla a su sistema, debe ser algo similar a cuando una poesía o un texto guacho que siempre pasó desapercibido, de pronto nos agarra con la guardia baja y se nos mete por los ojos. Nos cambia la forma de sentir. Nos incomoda. Nos interpela, e intentamos repetidas veces aislarlo sin éxito.
Y sólo al final de todo, y sin esperarlo, brota. Se justifica solo. Florece. Abona nuestro suelo. Y entendemos el dolor.
Y agradecemos.






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